sábado, 21 de noviembre de 2015

Me gusta el poeta

Me gusta el poeta que me lee en sus palabras.
No el que me enrostra una ceguera en sílabas,
intenta encantarme con malabares decimónicos,
o revela mi fragilidad a modo de un manjar deseado
en el festín de los caníbales que me acechan.

Me gusta el poeta que me revela como un igual.
Aquel con las mismas pasiones, con los mismos deseos,
con similar desazón contradictoriamente esperanzada,
típico ardid que disimula su inteligencia porque me espera,
y me engaña con un horizonte cuando solo hay muros.

Me gusta el poeta que se sabe diferente.
Pero no él, sino el don con el que me desviste y vuelve a vestir.
Aquel que me mira con los pies sobre la tierra que piso
y con las palabras sobre la misma lengua que hablo
y las venas abiertas sobre la misma carne que habito.

Leído en la apertura del programa 253.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Cielo e infierno

"Del barrio La Mondiola sos el más rana
y te llaman Garufa por lo bacán; 
tenés más pretensiones que bataclana 
que hubiera hecho suceso con un gotán."

En aquellos lejanos años del tango Garufa la bataclana era una mujer de vida disipada -ustedes me entienden- sólo comparable a las coristas de la compañía teatral parisina Bataclan, de paso por la pacata Buenos Aires de 1922.

Justamente ayer El Bataclan volvió a hacer suceso pero esta vez no con un gotán sino con una banda de rock, y en unas primeras planas cargadas de una larguísima serie de imágenes de horror y muerte.

Cuando Doña Leonor, católica de ley, le preguntó a Borges por los rumores acerca del agnosticismo de su hijo, el autor de "El Aleph" echó mano a su lúcida ironía:

-Lo que pasa, madre, es que el infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.

Pero creo que a veces uno se equivoca -si me permite, maestro-, y este parece ser el caso: las más de las veces nos creemos unos ranas como el Garufa del tango mientras vamos creando nuestro propio infierno. Merecido, además.

Afortunadamente, también somos capaces de entender que lo contrario de la vida no es la muerte sino el olvido, y en la búsqueda de sostener la memoria revivimos. Nada tan parecido al paraíso como eso.

Leído en la apertura del programa 252

sábado, 7 de noviembre de 2015

Figuras

Un tiempo. Una palabra. Y amanece.
El largo pasillo se ilumina con un sol que minutos antes parecía negárseme en la noche larga.
Alcanzo a ver entonces el único detalle que me advierte que algo diferente sucede: por la puerta entreabierta del final se escapa un hilo de luz que delata a unas figuras que atraviesan el aire. 
Son siete u ocho, no alcanzo a contarlas pero parece ser ese el número de ellas que se dejan ver.
Y una música. 
Recién me percato de ella pero intuyo que sonaba desde hace largo rato, a juzgar por el cansancio que muestran las sombras danzantes. 
Una aguda nota de violines parece alertar sobre la inminente desazón. 
Es inevitable. 
Todo sueño debe terminar.

Leído en la apertura del programa 254

domingo, 1 de noviembre de 2015

Poesía autopsia

Un amigo me dijo que escribir poesía es poner en palabras nuestra autopsia.

Por pura etimología, "autopsia" es "ver por uno mismo". Tal vez sólo se trata de pasar al papel lo que uno ve, y va y lo cuenta.

Pero lo que uno ve y cuenta no siempre es un cadáver: a veces es un fantasma, a veces es un sueño, a veces es... nada, sólo palabras.

O tal vez sí, y se trata la autopsia de nuestra esperanza más que de nosotros mismos. O de un viejo amor que murió lentamente. O de una estrella que dejó de iluminarnos en cuanto salió el sol. Y cosas así.

Leído en la apertura del programa 251