miércoles, 29 de abril de 2015

Vigilia a la espera del sol

Una, dos, tres veces.
Intento, juego, prometo.
Una, dos, otra vez.
Maneras, obsesiones
y una dulce caricia tibia
que recorre algún que otro recuerdo.

Cuatro, cinco, seis.
Sigo y sigo, vuelvo a empezar.
Cuatro, cinco, uno más.
Velos que caen suavemente
dejando nada al descubierto.
Vigilia a la espera del sol.

Siete, ocho, nueve,
vamos, miremos dentro.
Siete, ocho y otro,
alguien guardó allí el tesoro.
No habrá oro ni diamantes,
pero bastará para usted y para mí.

Diez, once, doce.
Una cuenta, otra más.
Diez, once y en un tris, todo
que antes de ser ya era de cierto modo.
Relato de sordos contado en susurros
para un grupo solitario que no tiene voz.

Leído en la apertura del programa 230

domingo, 26 de abril de 2015

De cabeza

Debería poner de cabeza mi reloj de arena y comenzar de nuevo. Tantas mentiras ajadas y deslucidas compitiendo por la silla del juez contra verdades ilustres y desconocidas, terminaron por fatigar hasta las arenas del tiempo. Es cierto que cayeron sin pausa, tal su naturaleza, logrando completar un tiempo tan inexacto como inexorable y lapidario.

Debería poner de cabeza mi reloj de arena, sí.

¿Quién diría que un fino sedimento de prestigio mal habido, uno que se entrega a una inexorable caída sin mayor esfuerzo, me pondría en tal aprieto? Pero no es esa una tarea del reloj o la arena, ni del vidrio que lo contiene o su estructura de madera. Parece ser una labor que me corresponde, la de ponerlo de cabeza y permitir que el tiempo siga su curso. Porque estar detenido no es lo suyo.

Leído en la apertura del programa 225.

sábado, 18 de abril de 2015

Switch olvidatorio

Hagamos como sí.
Como si no hubiera nada más importante que uno mismo.
Como si el cuerpo y el alma nunca pudieran separarse.
Hagamos como si un gran amor alguna vez fuera a repetirse.
Hagamos como qué.
Como que la vida no le pasa a uno una sola vez sino muchas.
Como que tenemos un switch olvidatorio y no habrá luego arrepentimiento.
Hagamos como que cualquier dolor es pasajero y también liviano.
Dale, entreguémonos a una dulce ignorancia.
Y dejémonos llevar.

Leído en la apertura del programa 222.

sábado, 11 de abril de 2015

Indecencia en la polis

Se dice que la política es una especie de virtud que resuelve los problemas propios de la convivencia colectiva, en la búsqueda del bien común.

Pero claro, tanta utopía debía ser contenida y aun contradicha de algún modo, no sea cosa.

Por eso también existen los políticos.

Pero déjeme decirle que usted y yo y nuestro vecino, todos somos políticos, etimología mediante, porque somos ciudadanos de la polis, nuestro espacio a compartir con otros. Más que de un lugar, se trata de pertenencia.

Cuándo, en qué momento nos condenamos al ostracismo -a nosotros mismos, sí-, es difícil saberlo. De aquel animal político del que habló Aristóteles sólo nos queda la aparente libertad de entregarle las cuestiones de la polis a un animal que las destrozará y devorará convenientemente y a su antojo, de acuerdo a sus necesidades y las de su cría.

Del resto se espera entrega y poco más: sumisión, desidia, conveniencia, egoísmo. Indecencia en la polis.

Tal vez la respuesta esté en intentar, al menos eso, ser más ciudadanos y menos políticos.

Leído en la apertura del programa 221.