domingo, 23 de febrero de 2014

Cuenco

Un cuenco vacío.
Ánimas por pares
que zozobran antes de ser.
Y la permanencia.
Una sin distancias,
libre de escozor y por miradas.
Y la persistencia,
algarabía de estar allí
sin una sentencia firme.
Y la desazón,
esa en tonos de gris.
Yo prefiero algún color.

Leído en la apertura del programa 167

sábado, 22 de febrero de 2014

Incendio

Se enciende una llama.
El foco desata un incendio.
Y el alma, que se congela.

Uno de nosotros

Estábamos los dos,
pero se me hace que no nos vimos.
O tal vez sí nos vimos,
pero no nos encontramos.
O nos encontramos
y finalmente no nos reconocimos.
O quizás sí nos reconocimos
pero no nos encontramos.
O nos encontramos y no nos vimos.
Ahora que lo pienso,
tal vez no nos vimos
porque no estábamos los dos.
Sólo uno de nosotros.

Leído en la apertura del programa 164

jueves, 20 de febrero de 2014

Transparencia

Entrecierro los ojos, en ese esfuerzo típico que es un intento de ver mejor, y funciona. Alcanzo a divisar entonces que algo se agita debajo de aquel velo.

Esa transparencia que lo cubre me deja entrever su contenido, aunque -debo ser sincero- no acierto a entender el sentido de esas líneas, de esas curvas, de esas formas.

Tomo coraje, me acerco y descorro el velo. Sorpresivamente el objeto comienza a oscurecerse, hasta que finalmente se opaca y oculta de mi vista su interior.

Intuyo que si vuelvo a cubrirlo, aquel objeto informe me enseñará nuevamente su contenido. Pero no, no lo hago, porque siento que la única certeza que me queda en este momento, lo confieso, es esta desazón provocada por una transparencia que se empeña en ocultarme algo.

Leído en la apertura del programa 163.

domingo, 2 de febrero de 2014

Botella, silencio, bruma

No puedo decir hoy -vaya descuido el mío-, qué cosa contiene la botella que lancé ayer al mar.

El acto de arrojarla -aquel que supuse heroico-, nubló el necesario desvelo por los sentidos y las palabras.

Ahora mismo surgen de su interior -de sus entrañas-, los malabares de unos silencios que no hacen más que arrojarme a la bruma.

Leído en la apertura del programa 161

sábado, 1 de febrero de 2014

Anima mundi

Una larga letanía de precioso detalle
hilvana recuerdos de aquello que fue y ya no será.
Demasiado precioso, me digo,
para tan breve celo por aquellos sueños
que se obstinan en el abandono. 
Yo respiro, tu respiras, todo respira, y sería de necios
negarle entidad a tan ilustre cosa que nos sucede.
Ciclos de una vida que agobia
de tanto negarse a vestir el ropaje
que supo lucir una vez y bruscamente apartó.
Momentos antes de implotar, el cielo que supe tener
me niega las estrellas que brillaron para mí alguna vez.
¿Y qué decirle a la tierra, si está allí desde siempre?
¿Qué reclamarle al ánima, si la certeza es ciega?
¿Por qué iría a caer alguna otra hoja de ese árbol, 
si ya tocaron suelo todas, apenas comenzado el otoño?
¡Ya sabemos que nada las sostiene, es sólo su voluntad!
Pero como todo en esta tierra, también ellas suelen perder.
Yo mismo, por momentos deseo estar y por momentos, partir. 
Y al igual que aquellas hojas, aquellas estrellas,
aquel cielo y aquellas certezas ciegas, 
nada me sostiene, a excepción de mi sola voluntad. 
Pero es otoño, y cada estación seguirá doliendo
si es que la mejor de todas ellas se resiste a llegar.

Leído en la apertura del programa 168