sábado, 27 de diciembre de 2014

Relevancia

Puede suceder que las historias pierdan relevancia, cuando lo que se pretende es destacar el carácter de los personajes centrales y de los actores en los roles secundarios.

Como en un thiller de argumento improbable, las reacciones, las miradas, las traiciones, los amores, los gestos de valor y aún los actos de cobardía serán la razón de ser del espectáculo y definirán al héroe -o a la heroína- en los avatares de la trama.

Y cuando todo haya terminado, el público querrá -o detestará- ser como uno de ellos sin prestarle mayor atención a la historia, que en definitiva era lo menos importante.

Igual que en el cine.

Leído en la apertura del programa 208

Ciclos

El horizonte se tiende trazando una línea.
Línea atravesada por un estrecho camino.
Camino transitado por un solitario que busca senda.
Senda brava que agrupa piedras y retiene el agua.
Agua que se eleva en tenues nubes besada por el sol.
Sol desdibujado de vapores en el lejano horizonte.
Y una historia que vuelve a comenzar.

Leído en las aperturas de los programas 212 y 293.

La sombra

Luz, cuerpo y entonces, una sombra.

La peor, la propia. Que no ceja en su obstinación y sigue siempre sombra, como si ignorase deliberadamente su dependencia de la próxima luz y aún así insistiera. 

O quizás esta percepción sea equivocada, y en realidad ella persiste con más fuerza a causa de tal certeza.

Imposible saber cómo piensa la sombra que no acepta ser de otro.

Leído en las aperturas de los programas 207 y 298

viernes, 26 de diciembre de 2014

Espejos

Reflejo de mi reflejo, tu mirada.
Espejo que me devuelve,
ya con notable mejora,
la totalidad de mis vacíos,
no sin antes llenarlos con todo
lo que me completa de vos.

Leído en las aperturas de los programas 206 y 309

jueves, 18 de diciembre de 2014

Relatos

El egoísta comienza su relato con un 'yo',
el político con un 'tú' y la víctima, con un 'él'.
El relato del pueblo se inicia con 'nosotros'
y el del dogmático, con un 'vosotros'.
El relato del cobarde siempre comienza con 'ellos'.

Y luego, otros relatos que se suceden
tiñendo las miradas, olvidando los espejos
y transformando aquello que se ve
en un retrato fiel del oficio del pintor.
Sólo el pincel sufre el duro castigo de mentir.

Este desfile de la vanidad cotidiana
es un espectáculo digno de observar.
Algunos van y otros vienen. Y hay quien espera.
Coinciden, sin saber que ignoran,
en la transparencia del velo con que se piensan a cubierto.

Pero no pierde valor la esmeralda en el seno de la roca,
aun cuando el ojo humano no logre verla.
Igual de cierto es el valor de la palabra
aunque la descarnada boca mienta.
Falaz peregrino el que predica lo que no profesa.

Leído en la apertura del programa 205

viernes, 12 de diciembre de 2014

Suma de bienes

Está todo bien, pero seguramente mañana estará mejor. Si persevero y mañana digo lo mismo, deduzco que la suma de bienes será bastante grande con el correr del tiempo, y de un tamaño tal como para dar por descontado que llegaré a creer que todo está bien, realmente. Es decir, será más que un bien o una suma de bienes.

Pero pensándolo mejor, debería aprender de una vez por todas a multiplicar los bienes para que no sea tan arduo sumarlos. Necesito una profesora particular porque desde chiquito me dijeron que era duro para las matemáticas -lo duro era la escuela en aquella época, pero todavía sigo pensando que yo lo soy.

 ¿Tenés un rato para enseñarme, toda una vida digamos?

Leído en la apertura del programa 204

viernes, 5 de diciembre de 2014

El final de toda búsqueda

Hallar el amor como final de toda búsqueda, un cierre que es a la vez comienzo, el inicio del descubrimiento paulatino y paciente de aquello que se ha hallado. Ser conquistadores de deseos y sueños, convirtiendo Eldorado en tierra real y fértil una vez que la encontramos.

Me doy cuenta entonces, de que amar nunca es el fin sino el principio: inicia la búsqueda y el reconocimiento y el cuidado y el todo que nos justifica y nos completa.

El amor como metáfora de la entrega, el don que se confía, y del recibir como gracia, por pura convicción en la nobleza del hallazgo.

Leído en la apertura del programa 203

jueves, 13 de noviembre de 2014

200 intentos

Fue una noche de diciembre de 2008 en que comenzó a gestarse este gigante que hoy cumple 200 insistencias.

Y fue en una sala céntrica, durante un concierto de tipos excepcionales que desplegaron sus bondades frente a una multitud de butacas vacías.

Al día siguiente, los pocos que habían negado su ausencia sabían exactamente a quién echarle la culpa por el vacío: que la mala publicidad, que los músicos, que la gente, que el género, que los etcéteras.

Nosotros decidimos tomar otro rumbo y hacer sin quejarnos. Y así sumamos pasiones: la radio, la música, la tecnología. Y nació un mes después, Gigantes Gentiles.

Primero, en modo on line, pegando luego un salto al aire -literal y figurativamente. Pero siempre sosteniendo una convicción: para que sirviera sería necesario el respeto por la calidad, por el músico, por el oyente, por el arte en todas sus formas. 

En eso estamos. Apenas hicimos 200 intentos.

Leído en la apertura del programa 200.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Equivocaciones

Uno debería morirse en el mejor momento de su vida, cuando todo va sobre ruedas. El impacto es otro.

Pero por esa cosa de esperar a que mañana sea mejor aún en situaciones ya de por sí insuperables, lo dejamos para otra oportunidad, la que parezca más adecuada. Tal situación sin embargo, conlleva la paradoja de querer morirse cuando todo sale mal. Afortunadamente o no, la tozudez por la búsqueda del mejor pasar futuro vuelve a emerger y entonces el momento de la partida vuelve a posdatarse hasta que el mal tiempo amaine.

Y así se nos va la vida, en pretender elegir el mejor momento para morir y equivocarse siempre.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Bolsillos

Busco en los bolsillos del alma y no, no encuentro las palabras.

Hasta ayer tenía muchas, pero se me hace que los recuerdos -que juegan, se esconden y vuelven a salir a la luz por sorpresa- se las han llevado a todas.

Leído en la apertura del programa 202

Dificultad

El cuerpo del mentiroso más grande del mundo yace sin vida desde hace más de un año al costado del camino. A pesar de los evidentes cambios en sus señas particulares producto de la intemperie, nadie se atreve siquiera a mirarlo.

Todos en el pueblo dicen que es muy difícil saber cuando creerle a un mentiroso.

Leído en las aperturas de los programas 201 y 324

lunes, 27 de octubre de 2014

En tiempo de blues

Mesas, luces tenues, alcohol, murmullos aquí y allá...

-¡Por Dios! ¿por qué no callan y escuchan? -desearía gritarles pero no lo hago, para no interrumpir este blues que suena. Creo que lo hace sólo para mi.

Mientras, el cantante se desgarra en un "por favor, ayudame" que se continúa segundos después entre las cuerdas de su guitarra, y me llega y hace lo propio en mis entrañas.

Un blues es un milagro que vuelve a nacer en el dolor que toma cuerpo: se engendra en él, pare con él, llora su primer llanto con él, y también llora los siguientes. Es la voz de la esperanza con hambre, de pan y también de justicia en la desolación; una voz que vibra al sentir la presencia del ausente, la mirada de quién está lejos y las pisadas de quién no vuelve.

-Por favor, ayudame, -canta, se desangra, conmueve, se alimenta, bebe, se rebela, suda, se consuela el blues desde un hálito de vida lanzado al aire sin mayores pretensiones que la de crear esta sensación de estar juntos.

Al fin y al cabo las mesas, las luces tenues, el alcohol y los murmullos aquí y allá son también parte de la escena, una en la que se me antoja hace malabares la vida. Justamente aquellos que necesito para sobrevivir, en tiempo de blues.

Leído en la apertura del programa 198

domingo, 26 de octubre de 2014

Bueyes perdidos

-Si hubiera una próxima vez, usaría una red -se dijo-. Durante todo el trayecto debo estar pendiente de cada movimiento del pie, de la fuerza y dirección del viento, de la tensión de la cuerda misma y del estado de los sujetadores en los extremos. Necesito estar atento todo el tiempo, lo sé, pero no lo pude evitar y me distraje pensando en bueyes perdidos.

Miró entonces a su alrededor y se vió reflejado en las ventanas de los edificios circundantes.   

-Definitivamente, la cuerda floja no es un lugar seguro -concluyó, ya demasiado cerca del suelo como para advertir que la cosa dejaba de ser divertida.

Leído en la apertura del programa 199

sábado, 25 de octubre de 2014

Obituario

Hablando de 1) paraísos se me va el 2) tiempo y ambos, se sabe, son subjetivos.

No me place abrir un debate sobre la identidad que cada uno le adosa a 1) pero tampoco sobre la que pudiera atribuírsele a 2), porque eso sería como discutir la cuadratura del círculo, el sexo de los ángeles o el ombligo de Adán.

Por eso al amor, ese especialista en multiplicar subjetividades, se le antoja en ocasiones relamerse en demostrar que el tiempo puede crear paraísos para habitar, y en otras delinear un infierno al que con gusto nos invitan a ponerle el contenido, cenizas incluídas.

Así es él, y del amor hablamos. Por esa sinrazón es que trae en el frente una etiqueta que reza: "Tómalo o déjalo", y la fecha de caducidad estampada en el fondo del envase, visible sólo cuando se acaba el producto.

En el obituario de algunos amores debiera decir:

"En el día tal del mes cual del año aquel murió el amor, aplastado bajo una enorme y compacta masa de objetividades. Sus restos serán velados entre las cartas que inspiró y las promesas que nunca cumplió." 

Es probable que el tal obituario nunca se publique, pero de muchas formas y con pocas dudas sabemos que cuando muere el amor, es esa una muerte que se muere de a dos.

Leído en la apertura del programa 227.

Aldea

(Escrito y leído por Raúl Astorga para nuestro programa.
¡Gracias, Raúl!)

En aquella pequeña aldea, era el único seguidor de una cantante que había hecho furor en los años '70. Tenía todos sus discos, y el almacén empapelado con posters de esa joven y portentosa estrella.

Por eso no tendría que haberle sorprendido cuando la señora mayor que entró preguntando por la estación de servicio se acercó a una de esas fotos, le pidió su nombre, y le dedicó una firma con el lápiz labial que extrajo de su cartera.

Leído en la apertura del programa 197

viernes, 17 de octubre de 2014

Punctum

El punto, "punctum", agujero.
Concepto primario, ente fundamental, adimensional.
Mínima expresión gráfica.
Signo de puntuación. Medida.
Hay punto de sutura,
de fusión, de ebullición, de condensación,
de congelación, de sublimación, de inflamación.
Y hay punto material, punto límite,
punto anguloso, punto de inflexión.
Punto G, punto A. Punto cardinal.
Y es también unidad de tanteo.
Hay mucho contenido en un punto: forma, tamaño, color y textura.
Y si una sucesión continua de puntos trazados forma una línea
Y la línea cierra espacios y delimita formas,
Vos y yo somos una suma de puntos
definiendo el perfil de las cosas.

Leído en la apertura del programa 196

viernes, 19 de septiembre de 2014

Haz

El perdón ciego no es perdón, y ocultar bajo la alfombra no es olvidar.

Porque las cosas y los tiempos suceden del mismo modo en que los fotones se agrupan en un haz de luz para finalmente iluminar la oscuridad.

Y como suele decirse: no se puede cubrir el sol con la mano.

Leído en la apertura del programa 193

domingo, 7 de septiembre de 2014

Naturaleza inversa

El gusano está asustado porque le rodearon la manzana.
Y una cebra se enamora de la senda peatonal.
El sapo no convence a una princesa desencantada.
Y la mosca que cayó en la sopa era sólo una obsesión.
Las hormigas extrañan a Möbius y lo culpan a Escher.
Y la gallina que quiere ser primera quiebra los huevos.
Un mono está empeñado en ser mejor que Shakespeare.
Y una serpiente se suicida comiendo su propia cola.
El gato está pensando en probar que su dueño cae parado.
Mientras el perro espera a que un auto lo corra a él.
El caballo está triste porque no lucen sus dientes.
Y el burro se duerme y sueña con ser pequeño, peludo, suave.
El elefante teme no recordar y se ata un hilo en su pata.
Y el chancho le busca sin suerte la ranura al hombre.
El pez distraído muere ahogado al salir a jugar.
Y el toro matador arroja a la tribuna la oreja del torero.

Leído en las aperturas de los programas 192 y 286.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Frente a sus ojos

-Qué extraño, -pensó al sentir esa particular mezcla del frío acero penetrando con fuerza masculina por su espalda con la tibia línea de sangre corriendo hasta su muslo- dicen que en momentos como este uno ve pasar toda su vida frente a sus ojos. Sin embargo, yo solo puedo verla a ella y pensar en ella.

La idea no pudo menos que dibujarle una sonrisa en el rostro, mientras caía y a pesar del dolor.

-¿De qué te ríes? -vociferó al notarlo, el perpetrador.
-Eso es algo que también te robé -le dijo, y cerró los ojos.

Leído en la apertura del programa 195

martes, 2 de septiembre de 2014

Medicina para mi pterodáctilo

Aunque es sabido que el género se extinguió hace ciento cincuenta millones de años, mi nuevo amigo el pterodáctilo parece ignorarlo: se posa en el balcón de mi ventana todos los días al atardecer. Un poco por la altura -un balcón en el piso veinticinco frente al parque está suficientemente alejado de los ruidos de la calle y las miradas entre aterradas y curiosas de los vecinos- y otro poco por los trozos de pescado que comencé a dejarle apenas noté su presencia, día a día fue ganando confianza hasta aceptar mi cercanía.

Confieso que la hilera de dientes cónicos que decora su pico y la imponente imagen de sus alas abiertas a pleno cuando se posa en la baranda -a simple vista podría calcularle metro y medio, dos metros de envergadura- me intimidaban bastante al inicio de nuestra relación. Digo relación, por llamar de algún modo a este encuentro y sortear así el abismo de millones de años que existe entre nosotros. Pero finalmente noté que, bien alimentado y cuidado, no representaba sino una compañía curiosa y amigable.

Aquel día en que llegó lastimado yo noté enseguida que algo andaba mal al ver el esfuerzo que le tomó alcanzar el borde de la baranda. Primero pensé en un accidente: se habría enredado con los cables del trole o con los de luz. Pero luego noté las mordeduras. Evidentemente, el grado de domesticación que había alcanzado en su incursión diaria a mi balcón lo había llevado a acercarse demasiado al parque -tal vez para beber agua de la enorme fuente central- en dónde, los vecinos lo sabemos, vive una gran cantidad de perros callejeros que, seguramente envalentonados en la jauría, atacaron a mi amigo jurásico. Suelen no intimidarse ante nada. 

Cuando lo llamé a Darío, el veterinario que vive en el 5to. B, reconoció luego de sobreponerse del susto de la primera impresión, que no había adquirido en la universidad los conocimientos necesarios para atender a semejante bestia. Con total naturalidad me pidió el celular y llamó a su amigo David el paleontólogo -quién en menos de diez minutos estaba tocando el timbre del portero- y juntos elaboraron de buena gana, entre asombrados y extasiados, un diagnóstico y su tratamiento.

Ahora mi visitante de cada tarde se ha convertido en un amigo convaleciente que requiere de mis cuidados y anotaciones, reloj en mano, para no olvidar darle su medicina.

A veces me consuelo pensando que podría haber sido peor. Que fuera un gato, por ejemplo.

viernes, 29 de agosto de 2014

Un final

Todo comienza con un final, según se ve.
El nacimiento, que es el final de un parto con sus miles de incertidumbres.
El anhelo, que atosiga al ahora carente que vio el fin de la pertenencia.
El recuerdo, que comienza con una pérdida que es también el fin de algo. 
Y la soledad, que es el fin del amor.
Y el amor, que termina con la soledad.

Leído en las aperturas de los programas 189 y 318

viernes, 8 de agosto de 2014

Apelativo

Si en verdad temes sufrir de una cierta obsesión cada vez que sucede que te enamoras, recuerda que el apelativo La Maga ocurre muchas veces en Rayuela.

Unas cuatrocientas ochenta y cuatro veces para ser exactos.

Leído en la apertura del programa 187

jueves, 24 de julio de 2014

De mí mismo

Soy cada ladrillo de mi propio muro y también soy cada una de mis muchas grietas. Y soy también cada mancha en mi propia pintura ajada y vieja.

Y soy la argamasa que me une y hasta la misma arena que es mi propia esencia.

De ese muro soy también el cimiento y el talón, la coronación y la puntera. Y me revisto de mí mismo como puedo, porque todo eso también soy.

Soy mi propio muro, pero también soy a quien protejo. No de los otros, sino de mí mismo.

Leído en la apertura del programa 186

miércoles, 16 de julio de 2014

Orgullo mundial

Tal vez si bombardean la tanda con publicidades de maestros dando clases en las escuelas y trabajando en sus propios hogares para completar la tarea del día, mientras una bandera flamea en el horizonte y un locutor imposta pasión en un mensaje cargado de lugares comunes sobre la argentinidad y el coraje, y los padres se juntan en las puertas de las escuelas a declamar el orgullo que sienten por aquellos que educan a sus hijos, y un presidente los reúna a fin de año para decirles a voz en cuello el orgullo que siente por ellos, tal vez recién entonces este pueblo tan emotivo, frágil y vulnerable entienda de una vez por todas, que la educación es importante.

Fuente de la imagen: Educación y sociedad

Leído en la apertura del programa 339

sábado, 12 de julio de 2014

Acusación

Mirá que vos, justamente vos, con todo lo que me conocés y con todo lo que yo te quiero, vos me vengas a acusar a mí de esta manera.

A mí que gasté los tamangos transitando los pasillos de los tribunales de la vida y encaré a los jueces más adustos y severos y todos ellos sentenciaron mi inocencia en tal asunto.

A mí que escribí cientos de páginas relatando mi historia en épicos poemas refutando la fea acusación y demostrando su falsedad.

A mí que he hecho tantas cosas en mi vida que desmienten ésta tu ingenua creencia.

Mirá que vos, justamente vos, con lo que yo te conozco y vos me querés, me vengas a acusar a mí, justamente a mí, de inteligente.

Leído en la apertura del programa 183 y 258

martes, 17 de junio de 2014

Clavas al aire

Hálito de luz en soberbia estela
traza sus penas sobre una línea blanca,
tanto que se allana en solitaria espera
más por certidumbre que por miel.
Y si en malabares lanza las clavas al aire
un mago de enero que se niega al llanto,
tendremos una voz para desligar la pena
o esperar otros vientos para trazar la piel.
Si ahora río y más tarde ya no siento
sin confiar en la brisa de aliento tan largo,
tu mañana, mi abril, tu letargo y mi viento
quedarán perplejos en su cierta sed.

Leído en la apertura del programa 180

lunes, 9 de junio de 2014

Larga distancia

-El lunes paso, cierro y me llevo todo- dijo, y cortó la llamada de larga distancia.

Noté que no intentó siquiera esperar mi reacción del otro lado de la línea, que por otra parte había sido hasta entonces sólo silencio, porque no hacía otra cosa que pensar en que era viernes y tenía nada más y nada menos que tres días para comenzar de nuevo con mi vida.

Otro nuevo comienzo, tan incierto y atractivo como lo son siempre.

Leído en la apertura del programa 182

lunes, 26 de mayo de 2014

Tabaco

Hay dos cosas que me están matando: el tabaco y tu cuerpo.

Uno de ellos es un vicio atroz que me consume cada vez que me lo llevo a la boca.

El otro es, esencialmente, humo.

Leído en las aperturas de los programas 177 y 328.

sábado, 24 de mayo de 2014

Grieta abierta

Un extraño viraje obligado frente a aquella oscura grieta. 
Una tan abierta y súbita, que sobreviví apenas.

Es una boca de tinieblas que no aplaca siquiera este brillo,
destello que apacigua y apaga la vena abierta.

Un viaje hacia la libertad que es un recorrido a plena luz,
parece cierto cuando me dice qué hacer con este miedo lastre.

Y como todo viaje, se parece tanto este periplo mío
a un sacrificio en ciernes y su descarnado alerta.

Pero algo sería tan doloroso como negar mi suerte:
dejar que la vida siga, áspera de tan inerte.

Leído en la apertura del programa 185.

viernes, 16 de mayo de 2014

Keep calm?

Keep calm. Mantén la calma y posterga en paz.
Tómalo con calma. Take it easy.

"Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. 
Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer."

Dieciséis mil millones de dosis lo garantizan,
una por cada dólar ganado en el último mes.

"Nosotros te empastillaremos", avisa la Reina,
olvidándose del juego una vez más.

No es fácil comprender hasta dónde llega la madriguera
si uno piensa en las antípodas mientras está cayendo.

Leído en la apertura del programa 175

lunes, 5 de mayo de 2014

Escritas de nosotros

A modo de paréntesis entre dos cielos, el de verte ahora y el de abrazarte luego, hay ausencias que se corporizan en el sólo acto de pensarlas.

En aquel milagro todas las formas parecen posibles. Cómo si estuvieran escritas de nosotros.

Leído en la apertura de los programas 174 y 250

Fin

El día en que me abandone la inspiración, ese día me sentaré y no escribiré lo siguiente.


viernes, 2 de mayo de 2014

No le temo a la tristeza

Ya no le tengo miedo a la tristeza. Es tanto lo que se pierde o simplemente se va, se esfuma o se escurre entre los dedos, últimamente. Por eso ya no le temo.

Y de mucho de aquello que partió no tuve tan siquiera, ya no la fortuna de detenerlo sino una oportunidad de arrepentimiento. O la de esperar simplemente un vuelto. Se es espectador en ocasiones.

Fueron alguna vez y dejaron de serlo, como la misma vida manda. Mi viejo, aquella guitarra, algún sentimiento.

Y entonces sólo queda la sal de una lágrima, la tierna obsesión por una foto raída, apenas una sensación -nada menos- grabada a fuego en algún pliegue del alma. Y cosas así.

Por eso no le temo a la tristeza. Tampoco la niego.

Como que tenemos algo parecido a un pacto: ella me recuerda que puedo ser feliz cuando quiero. Yo le prometo a cambio no enamorarme de ella mucho más que por un tiempo, lo que deba durar. No le temo.

Leído en la apertura del programa 173.

jueves, 17 de abril de 2014

El cofre

Me detengo un momento para abrir la ligera tapa del cofre y mirar en su interior. A pesar de mis obsesiones, los objetos no están muy ordenados y se nota a simple vista que fueron ocupando lugares a medida que aparecieron o sucedieron, sin mayor estrategia o cálculo.

Podría enumerarlos casi de memoria, sin mirar: fragmentos de cielo, manojos de estrellas fugaces, una luz bastante tenue, cintas con grabaciones de suspiros, trozos de papel con anotaciones en tinta invisible, una luna con su correspondiente eclipse, la impresión de una mirada sobre mi alma, un manojo de hojas secas de aquel otoño y una maraña de cabellos húmedos recién salidos de la ducha. Entre otras muchas, muchísimas cosas. 

Porque además hay palabras. Montones de palabras. Seguramente hice bien en guardar muchas de ellas, aunque confieso que me tienta quitar y arrojar a la basura algunas que no deberían quedar allí. Pero no, decido dejarlas porque también son mías y necesito conservarlas hasta que pueda mejorarlas o definitivamente callarlas. 

¿Y los silencios? ¿Qué hacer con ellos? Decido dejarlos también. No me gustan, lo confieso, pero no los puedo negar. Fueron.

Vuelvo a mirar adentro del cofre -me distraje por un momento, ensimismado en mis pensamientos-, y me aseguro de que quede espacio para guardar lo mucho que aún resta aparecer, suceder y arreglar.

Lo cierro, sintiéndome muy afortunado. Puedo seguir guardando aquellas cosas hasta que se le deba echar llave a la ligera tapa, vaya uno a saber cuando.

Leído en la apertura del programa 172

Gabo

Desde aquella adolescencia con "Cien años de soledad" y ya de grande con "Relato de un náufrago" -las que más me cautivaron-, no tengo más que gratitud por ese hombre que se metió entre mis lecturas más queridas.

Tal vez como con la partida del Flaco Luis Alberto Spinetta, sentí al enterarme que realmente otra etapa de mi vida y mi aprendizaje se cerraba hoy.

Afortunadamente, queda la obra. Monumental y admirable, y también entrañable y del todo nuestra.

Se nos fue el Gabo.

sábado, 12 de abril de 2014

Precipicio

La Verdad es más pura a la orilla del deseo.

Luce difusa y tan indiferente en los confines, y sin embargo allí a la vera de lo que no se es, se apersona como una tea recién encendida en la boca de la caverna más húmeda y gris.

La acompaña un sonido, mezcla de tonos, ruidos y quejidos que se extienden desde un extremo al otro de la cueva como una pantalla que sólo atina a brillar cuando cede el escozor y la luz desentraña, delatando.

La Mentira traicionera que esperaba agazapada tras el dolor de la Virtud, se fundió entonces al sólo contacto con la luz amarillenta de la llama figurada. Había concluido sin más que era su momento, sin percatarse de que sólo la Verdad es más pura a la orilla del deseo.

Para la Mentira, fue sólo un precipicio.

Leído en la apertura del programa 171

miércoles, 2 de abril de 2014

Tras el manto de nuestras propias neblinas

En 1978, a los 18 casi 19 años, hice la colimba -ese acrónimo de “corre, limpia y barre” con el que los civiles reconocíamos burlonamente el tipo de entrenamiento militar que recibíamos durante ese período- y fue en la Marina, y estuve a punto de ser embarcado para una escaramuza de la dictadura militar -que no llegó al estatus de guerra- bajo el pretexto de una ocupación chilena del Canal de Beagle.

Estábamos todos muy asustados, ya que el único entrenamiento militar para la guerra que habíamos recibido habían sido un par de disparos en un polígono de tiro con un Garand Beretta, que ya para la época era viejo.

Las ordenes para esa escalada militar las daba un asesino megalómano con ambiciones políticas, no muy diferente al que las dio en Malvinas.

Aun habiendo vivido ese temor en carne propia, no puedo siquiera imaginar lo que vivieron esos chicos iguales a mi, con un entrenamiento militar similar al mío, en el frío, humedad, oscuridad y desolación de una trinchera.

A ellos, también víctimas de una guerra de la dictadura, mi respetuoso recuerdo y homenaje, cada 2 de abril.

Leído en la apertura del programa 267.

sábado, 15 de marzo de 2014

Jarrones holandeses

Corría el año 1886 cuando el ceramista Willem Van Der Zielwachten comenzó a fabricar sus famosos jarrones en un paraje cercano a la ciudad de Delft, en los Países Bajos.

De color azulado, característico de aquellas piezas que utilizaban el estaño como colorante para elaborar el esmalte cerámico, la producción de Willem abarcaba piezas tan variadas como baldosas, vasos, cazuelas, platos y utensilios, todos ellos decorados con los muy típicos paisajes holandeses: molinos, llanuras con tulipanes y damiselas en zuecos. Van Der Zielwachten había aprendido de los maestros artesanos que la porcelana blanca es más dura y resistente que la arcilla roja, esto sin mencionar sus magníficos colores -que la hacían mucho más atractiva a los ojos de sus clientes-, y de tal modo las fabricaba.

Sin embargo, las piezas favoritas de Willem, aquellas que elaboraba con gran detalle y dedicación, eran unos inútiles jarrones Delfts Blauw que lo obsesionaban. Eran inútiles porque el ceramista cerraba la boca del objeto en cuestión con una tapa, también de cerámica, imposible de abrir sin destruir completamente la pieza. De este modo, los jarrones servían como objeto decorativo -aspecto que no era en absoluto para desestimar-, pero no para el propósito primigenio de cualquiera de ellos. Como contener líquidos, por ejemplo.

Cierto día, Willem decidió confesarle a su mejor amigo Friederich Nieuwsgierig el motivo de su tan particular modo de elaborar jarrones. Era el siguiente: en el momento en que un cliente le encargaba una pieza, él recortaba un pequeño trozo de su propia alma para colocarla en el interior del jarrón. Una vez terminado el trabajo, cerraba la pieza herméticamente con aquella tapa que ya no podría abrirse.

-Es mi deseo que un jarrón hecho por mis manos no sea sólo un objeto más-, resumió a modo de confesión, y con eso concluyó la explicación.

A partir de entonces, el ceramista pasaba largas y frenéticas horas en su taller fabricando jarrones y recortando trocitos de su alma, que guardaba provisoriamente en una caja bellamente decorada y muy bien acolchada para que, de tan pequeños, no se arruinasen por un golpe o raspadura, y mucho menos se extraviasen.

Sucedió entonces aquel hecho que todos los habitantes del paraje recuerdan -también los habitantes de Delft, públicamente ellos lo admiten-, una tragedia que irrumpió en la tranquila y bucólica vida de los ceramistas holandeses, transformándola para siempre.

Un buen día, Willem decidió abandonar toda otra actividad que no fuera fabricar sus jarrones con tapa conteniendo trocitos de su alma. No se lo vio ya más por la taberna del pueblo y hasta dejó de solicitar los favores de Ingrid, su prometida entrada en carnes y en placeres.

Grande fue la sopresa de Friederich Nieuwsgierig cuando, ya muy preocupado por la suerte de su amigo luego de varios días de incertidumbre, se dirigió al taller para conocer su paradero y si, por caso, algo grave le hubiera sucedido. Al entrar al lugar divisó el cuerpo del ceramista tendido en el piso, muerto y aferrado a un jarrón Delfts Blauw con el último retazo de su alma adentro, que no alcanzó a tapar.

Según escribiera Friederich en su diario personal muchos años después, para la época en que murió Willem los holandeses ya no compraban porcelana proveniente de China, de excelente calidad por cierto, sino la que fabricaban sus propios ceramistas. Afirmaban con orgullo que la suya no sólo era la porcelana blanca más dura, resistente y con más bellos colores y figuras en todo el mundo. Además -y todos reconocían el mérito de Willem en ello- sus creaciones ya no eran simples objetos. Ahora tenían un alma.

viernes, 7 de marzo de 2014

Según Wikipedia

Apariencia de realidad.
La sensación de estar presente.
Imágenes.
Un dispositivo denominado visor.
Sensores diseñados para simular la percepción.
Diferentes estímulos intensifican la sensación de realidad.
Límites difusos que separan lo que es real de lo que no lo es.

Lo llaman "Realidad virtual", 
un enredo con el cordón de fibra óptica
en una matriz cibernética
irremediablemente parecido al sopor de ya no pensar.

Para muchos, simplemente la realidad.

Leído en la apertura del programa 165

domingo, 23 de febrero de 2014

Cuenco

Un cuenco vacío.
Ánimas por pares
que zozobran antes de ser.
Y la permanencia.
Una sin distancias,
libre de escozor y por miradas.
Y la persistencia,
algarabía de estar allí
sin una sentencia firme.
Y la desazón,
esa en tonos de gris.
Yo prefiero algún color.

Leído en la apertura del programa 167

sábado, 22 de febrero de 2014

Incendio

Se enciende una llama.
El foco desata un incendio.
Y el alma, que se congela.

Uno de nosotros

Estábamos los dos,
pero se me hace que no nos vimos.
O tal vez sí nos vimos,
pero no nos encontramos.
O nos encontramos
y finalmente no nos reconocimos.
O quizás sí nos reconocimos
pero no nos encontramos.
O nos encontramos y no nos vimos.
Ahora que lo pienso,
tal vez no nos vimos
porque no estábamos los dos.
Sólo uno de nosotros.

Leído en la apertura del programa 164

jueves, 20 de febrero de 2014

Transparencia

Entrecierro los ojos, en ese esfuerzo típico que es un intento de ver mejor, y funciona. Alcanzo a divisar entonces que algo se agita debajo de aquel velo.

Esa transparencia que lo cubre me deja entrever su contenido, aunque -debo ser sincero- no acierto a entender el sentido de esas líneas, de esas curvas, de esas formas.

Tomo coraje, me acerco y descorro el velo. Sorpresivamente el objeto comienza a oscurecerse, hasta que finalmente se opaca y oculta de mi vista su interior.

Intuyo que si vuelvo a cubrirlo, aquel objeto informe me enseñará nuevamente su contenido. Pero no, no lo hago, porque siento que la única certeza que me queda en este momento, lo confieso, es esta desazón provocada por una transparencia que se empeña en ocultarme algo.

Leído en la apertura del programa 163.

domingo, 2 de febrero de 2014

Botella, silencio, bruma

No puedo decir hoy -vaya descuido el mío-, qué cosa contiene la botella que lancé ayer al mar.

El acto de arrojarla -aquel que supuse heroico-, nubló el necesario desvelo por los sentidos y las palabras.

Ahora mismo surgen de su interior -de sus entrañas-, los malabares de unos silencios que no hacen más que arrojarme a la bruma.

Leído en las aperturas de loe programas 161 y 347

sábado, 1 de febrero de 2014

Anima mundi

Una larga letanía de precioso detalle
hilvana recuerdos de aquello que fue y ya no será.
Demasiado precioso, me digo,
para tan breve celo por aquellos sueños
que se obstinan en el abandono. 
Yo respiro, tu respiras, todo respira, y sería de necios
negarle entidad a tan ilustre cosa que nos sucede.
Ciclos de una vida que agobia
de tanto negarse a vestir el ropaje
que supo lucir una vez y bruscamente apartó.
Momentos antes de implotar, el cielo que supe tener
me niega las estrellas que brillaron para mí alguna vez.
¿Y qué decirle a la tierra, si está allí desde siempre?
¿Qué reclamarle al ánima, si la certeza es ciega?
¿Por qué iría a caer alguna otra hoja de ese árbol, 
si ya tocaron suelo todas, apenas comenzado el otoño?
¡Ya sabemos que nada las sostiene, es sólo su voluntad!
Pero como todo en esta tierra, también ellas suelen perder.
Yo mismo, por momentos deseo estar y por momentos, partir. 
Y al igual que aquellas hojas, aquellas estrellas,
aquel cielo y aquellas certezas ciegas, 
nada me sostiene, a excepción de mi sola voluntad. 
Pero es otoño, y cada estación seguirá doliendo
si es que la mejor de todas ellas se resiste a llegar.

Leído en la apertura del programa 168

miércoles, 29 de enero de 2014

Verano gigante

(Escrito y leído por Raúl Astorga para nuestro programa.
¡Gracias, Raúl!)

El tipo asociaba el verano con el rock desde tiempos inmemoriales, entonces se le había hecho costumbre, hábito, carne la idea de andar por la calle con una radio portátil que además de contar con recepción AM / FM, se ajustaba a exacta medida del bolsillo trasero izquierdo de su jean. De allí hacia arriba, el cable del auricular estéreo. 

Ese día fue una experiencia única, alucinante, que ni en Villa Gesell en los setenta había experimentado. No le creía demasiado al locutor, que entre tema y tema insistía en confirmar los 45 grados de sensación térmica. No le creía. No. Incluso cuando vio con sus propios ojos que la portátil despedía humo y un aroma desagradable, mientras el gabinete se deformaba entre sus dedos. 

Masticando bronca y tristeza en partes iguales, escuchó al extraño que bajaba de una camioneta con una mujer que asentía ante la sentencia, tal vez colofón de una lúcida conversación llevada a cabo en la refrigerada cabina:

-"Menos mal", decía el extraño, "que esta ola de calor se dio en verano, que te agarra de vacaciones y te podés poner cualquier cosa."

Y subrayó con el cierre de la alarma. 

Leído en la apertura del programa 159

jueves, 16 de enero de 2014

Ella en el piano

Se sentó y puso su atención en las teclas. Yo puse entonces mi atención en ella.

Sus dedos rozaban cada nota intentando recordar aquella vieja melodía de cine. Mientras tanto, aproveché su descuido una vez más y comencé a observarla con atención. Aunque confieso que mirarla es ya casi una obsesión de mi parte.

El piano obedecía a su toque del mismo modo que suele hacerlo mi corazón a su sola mirada. Cada nota dibujaba la melodía, haciéndola reconocible y convirtiéndola en el acompañamiento perfecto para mi embelesamiento.

Y así fueron avanzando los acordes, los minutos y mis latidos.

Definitivamente, es una gran artista. Nadie acompaña a mi alma cuando le canta, como lo hace ella.

Leído en las aperturas de los programas 166 y 296

miércoles, 15 de enero de 2014

Pero cuando muere un poeta

A Don Juan Gelman (1930 - Ayer)
Un ingeniero se muere, deja un puente.
Entonces vamos y lo admiramos, ahí está él.
Decimos: qué bello puente, es tan resistente, ¡y qué moderno!
Y un pintor va y se muerte y deja un lienzo.
En Tal museo nos admiramos de su obra.
Contamos: qué inspiración, es tan firme ese trazo, ¡qué bello!
Lo mismo si se muere un médico o un inventor o un herrero:
queda una marca en algún sitio y ese es su legado.
Y partimos raudos a venerar su obra
en el exacto lugar en que haya quedado.

Pero cuando se nos muere un poeta es diferente:
sus palabras no adornarán una plaza pública sino a nosotros.
No las encontraremos en una cuenta bancaria y tampoco en un museo.
Tanto buscar una mirada, tanto acompañar al dolor.
Tanto perseguir imposibles a la luz de una vela sin pisar este suelo.
Nunca fue en vano para el poeta tanto rosebud y tanta quimera.
Y tanto canto, y tanto cielo, y tanta bondad, y tanto celo.
Y tanta sed, alma, muerte, fatalidad, dolor, consuelo.
El poeta pervive en su legado de palabras:
en nosotros quedan sus versos.

Leído en la apertura del programa 158.

viernes, 10 de enero de 2014

Aconteció en el Almacén de Recuerdos

Lo miró de arriba abajo y luego le clavó la vista con intención intimidante. Su voz se tornó algo gutural cuando finalmente decidió hablarle, cosa que le resultó agradable por lo oportuna:

-Sus historias no tienen cabida aquí.

El Remendador Oficial dijo esto y percibió al momento la desazón en el rostro del Fabricante de Historias, razón por la cual se llamó a silencio. Hubiera sido doloroso insistir con otros argumentos. Después de todo, su tarea era únicamente la de remendar y se vería bastante favorecido con mucho tiempo libre si aquellas historias no ingresaban al Almacén de Recuerdos, actualmente bajo su administración. No habría qué remendar.

El Remendador Oficial quedó entonces a la espera de una disculpa en un hilo de voz por toda respuesta. Sin embargo, lo que escuchó a continuación lo sorprendió, de tan vehemente:

-¿Y qué hace un Remendador manejando los destinos del Almacén de Recuerdos?

El Fabricante, aunque por distintas razones, también se asombró por su propia respuesta, pero le complacía el haber tenido finalmente el valor suficiente para decirle exactamente lo que pensaba al respecto.

-Y no me voy a arrepentir justamente ahora-, se dijo para sí.

No sin picardía, encontró en la expresión en el rostro del Remendador la confirmación de aquello de que no hay mejor defensa que un buen ataque.

-Bueno, -respondió el burócrata- debo confesarle que yo me hice la misma pregunta cuando me nombraron para el cargo. Finalmente hallé la respuesta por mí mismo, por simple observación: eran tantas las historias viejas, repetidas y aun copiadas que llegaban a este mostrador que ya no alcanzaba con un Archivador Oficial y ni siquiera con un Clasificador Oficial: se hacía necesario un Remendador de alto escalafón, uno que tomara esas ajadas y decrépitas historias ya contadas y les hiciera un remiendo como la gente. Por suerte me eligieron a mí, y aquí me ve, haciendo mi trabajo. 

El Remendador dio por terminada la conversación, satisfecho por la claridad de su respuesta. Pero el Fabricante insistió:

-Pues mis historias son todas nuevas. No necesitan ni el más pequeño de los remiendos. Debería usted admitirlas por Mesa de Entradas.

Por primera vez desde que había comenzado su conversación con el Fabricante, el Remendador Oficial no supo qué responder. Acostumbrado como estaba a admitir y almacenar las historias recibidas únicamente después de remendarlas, la sola idea de tener entre sus manos historias nuevas le producía vértigo. Y luego, el temor: ¿qué haría sin historias que remendar? ¿perdería su puesto? ¡qué horror!

Sin inmutarse, seguro de su conquista, el Fabricante de Historias comenzó a relatarle al Remendador sus historias más frescas y fragantes. Algunas de ellas muy hermosas, otras llenas de dolor. Eran todas ellas, para el inesperado oyente, historias nuevas.

Tímidamente al principio pero con una creciente satisfacción a medida que los relatos avanzaban, el Remendador Oficial agradeció cada una de las historias.

-Tal vez -se dijo a sí mismo- el secreto de una buena historia no esté en cómo luce, sino en el lugar que ocupa en nuestro Almacén de Recuerdos.

Por primera vez se le ocurrió la idea de que se puede ser feliz con cualquier historia mientras sea una buena historia. Entonces se levantó de su sillón, se quitó el delantal de gris burócrata y le dio la vuelta al mostrador para sentarse junto al Fabricante, quien continuaba con el relato de sus historias.

El Fabricante de Historias nunca le confesó, por supuesto, que algunas de ellas ya habían sido contadas miles de veces. Relatar una historia, cualquier historia, era para él como contarla por primera vez.

viernes, 3 de enero de 2014

Milagro

Blanco, negro, verde o rojo.
Cielo, distancia, proximidad y perdón.
Sol, arena, viento y una luz.
Pinto, dibujo, escribo y también recuerdo.
Ventanas, laberintos, puertas sin cerrojos.
Una escalera al cielo o un puerto pirata.
Un guión de película o una historia de vida.
Suelo fértil, tierra reseca,
Y sin embargo, un árbol.
Todo fue, todo es, todo será.
¿Veo sueños que abren muros?
¿O muros coloridos que siguen siendo muros?
Me detengo, observo y decido:
El milagro está en la mirada.

Leído en las aperturas de los programas 156 y 311