miércoles, 28 de septiembre de 2011

Soy persona



¿Qué soy, sino momento, ambición, búsqueda, frustración, deseo?
Concepto acabado, luz entre las sombras del permanente espanto
de ser esencia primitiva en búsqueda sin brújula del rumbo abandonado.
Vaya sortilegio en que ha caído aquel que ha alejado de su vista
lo efímero de los días, lo pasajero de las miradas, lo frágil del pulso,
lo vano de exigir en el humano virtudes de bestia mordiendo el cuello ajeno.
¿Quién dice que debemos ser perfectos en este valle de huesos raídos y secos?
Si es que puedo pensar bien, tender mi mano y recuperar lo perdido
seguramente tendré mucho más que un suspiro entre fin y comienzo,
entre sueño y vela, entre mi vida y mi muerte, entre el relato y lo oido.
Este manojo de tendones, fluidos, sentidos, piel y latidos llamado ser,
que pretende volar pero sólo lo puede en remanidos sueños,
es quien soy, quien puedo, quien quiero, a quien anhelo pero no llego.
A quien pierdo en la lejanía de ese horizonte que de continuo se retira
siguiendo el ritmo del universo y el preciso sentido de su geometría elusiva.
Sin embargo, a pesar de esto y de aquello, y del devenir del desvelo,
sigo buceando el sentido en mi ser, aunque lo humano me vaya en ello.

Leído en la apertura del programa 181.

martes, 20 de septiembre de 2011

El cántaro

Aquel era un cántaro muy especial: tanto lo esperó la fuente que al final se secó.

Leído en la apertura del programa 220.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El tiempo y el guijarro

La pequeña piedra toma una forma casual, la que al correr le moldea el agua. Simplemente tiene de su lado al tiempo y al tiempo deja hacer su trabajo.

En eso la piedra y yo somos diferentes: aunque conozca la forma de mi deseo y los días pasen y más claro pueda verlo, no tengo al tiempo obrando de mi lado.

Y si ansiara tener todo y el paraíso, finalmente sólo la utopía, triste consuelo, dejaría correr el agua en mis flancos para creer que el tiempo decide lento en su lento paso.

Leído en la apertura del programa 188

viernes, 9 de septiembre de 2011

Una mueca sonriente

-Seguramente te resultará obvio, pero me di cuenta de que la vida está hecha de pequeños detalles.

Dicho esto, se llamó a silencio. Supo con absoluta certeza que ella había captado su mueca sonriente al decirlo, porque nunca jamás se le escapa un detalle. Es más, quién lo había educado en el delicado arte de captar lo sutil y transparente de los pequeños gestos había sido justamente ella: aquella nota escrita y enviada a tiempo, esa mirada de aprobación, un suspiro antes de una respuesta complicada. En fin, detalles.

Él había consumido casi la mitad de su vida -al menos, esa parte del total que suponía viviría- mirando, buscando, intentando asombrarse con los grandes momentos, las situaciones espectaculares, las respuestas resonantes y hasta los regalos sorprendentes. Pero claro, siempre llegaba a la misma conclusión:

-Es lindo, pero...

Ahora que comprendía los secretos de la sutileza y la maravilla de los detalles, disfrutaba detenerse ante las pequeñas cosas, los bellos instantes o los cruces casuales -como aquella vez que se quedó absorto mirando como un joven hacía un cisne con el papel metalizado de los cigarrillos y se lo regalaba a su chica, que lo agradecía como si hubiese recibido el diamante más brillante del mundo. Pero él no admiró en ese momento la destreza del muchacho, claro, sino la belleza de los detalles: la perfección del cisne de papel, la expectación de ella ante el artista creando, la cara del enamorado delatando su enamoramiento.

Tal como él suponía, ella advirtió aquella mueca, pero como especialista en detalles que era también se dio cuenta de que él se había escapado ensimismado en aquellos pensamientos y estuvo a punto de reprocharle:

-Si, y sería un buen detalle que te quedes aquí conmigo en vez de perderte en tus grandes historias y recuerdos.

Pero no, no se lo dijo. Después de todo, él había dicho una gran verdad y ella no quiso perderse el detalle de sentir cuanto disfrutaba de verlo así, con aquella mueca sonriente.

Leído en la apertura del programa 218.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La esperanza

Si la esperanza es lo último que se pierde, trataré de caminar por lugares más bien iluminados. No vaya a ser que se me caiga en algún lugar oscuro y no la encuentre más.

Leído en las aperturas de los programas 115 y 255

Tatuaje

Se lo cruzó de nuevo después de tantos años, al entrar en el perfil de un amigo en común para saludarlo por su cumpleaños. Fue ella quién se animó a abrir el juego, un poco porque tenía cosas para decir y otro poco porque intuía que él no lo haría. Siempre supo que pueden olvidarse muchas cosas de una vieja historia pero no las manías que ambos se toleraron alguna vez al son de ese amor de primavera.

- Tenía ganas de charlar con vos -le dijo-, quizás como una manera de reconciliarme con un momento de nuestras vidas. Fuiste el primero con el que experimenté muchos sentimientos nuevos. Y eso, como un tatuaje, está.

Conversaron un rato; se dijeron cosas de chicos con lenguaje de adulto y se despidieron hasta otra vez. Seguramente será mucho antes de lo que ellos mismos se imaginan.

Leído en la apertura de los programas 191 y 269

domingo, 4 de septiembre de 2011

Paradoja

Cuentan que el tipo escribió un libro titulado "Cómo ser un fracaso" y no vendió ningún ejemplar. Semejante éxito lo abrumó y dejó de escribir.

Leído en la apertura del programa 126

viernes, 2 de septiembre de 2011

Cerrado por reformas

Bajé la persiana de la sección reclamos, la que había abierto en el boliche de mi vida.

Pido lo que necesito pero tengo lo que merezco, así que, ¿para qué tener abierta otra cosa más que el alma?

Leído en las aperturas de los programas 122 y 290.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Dama esquiva

Dama esquiva de voluntad férrea y generosa en dolores.
La llaman pasión pero a veces se disfraza y usa otros nombres.

Estoy alegre y llena mi algarabía de sombras y desazón.
Estoy triste y siembra mis dudas con semillas de tal vez.

No me pidan que albergue el deseo de renunciar a ella,
desde que ofrenda vida a mi vida con sus desvelos.

Pero me ruega, y no es fácil, que me atreva a dejar
que sus manos den forma a mi deseo y vuele.

Leído en la apertura del programa 184.

lunes, 22 de agosto de 2011

La nave dañada

Una barca pasa cerca y su estela me sacude. Mi equilibrio depende de mis pies, pero frente al oleaje brotado de aquella nao intrépida comienzo a estremecerme y a temer por mi vida.

-¿Y si bajas a tierra? -me dice el pequeño loco ilustrado que rara vez escucho- Allí tus pies estarían secos, firmes y bien plantados.

Lo pensé por un momento y bajé a mirar aquella estela desde tierra firme. Está en lo cierto: desde aquí se ve todo diferente, porque es suelo seguro y se puede mirar con claridad sin conmoverse.

Al notar que decido quedarme, el pequeño traidor vuelve a la carga:

-Pero, ¿no saldrás ya jamás a desafiar las olas y explorar lo vasto?- me dice.

-No te equivoques -le respondo-. Una nave dañada no se puede reparar en alta mar, pero ten por seguro que mi lugar está entre aquella espuma

Leído en la apertura del programa 162