sábado, 20 de agosto de 2016

Sueño taimado, la pesadilla

Sueño taimado, el que se convierte en pesadilla.

Traidor, por dos razones: por inesperado, que ataca por sorpresa, y por cambiar la esencia de lugar de espera.

La ciencia los clasifica y enumera, según la data que tiran unos cablecitos pegados a la sesera.

Los poetas, en cambio, tiran hilos de plata para unir palabras que intenten.

Pero entonces viene una pesadilla y nos marca el territorio de temor.

Afortunadamente, tengo otra noche por delante.

Leído en la apertura del programa 287

sábado, 6 de agosto de 2016

Valores

Entran los deportistas. Desfilan un par de horas, ¡son tantos!

Países que apenas conocemos, otros que se odian y sin embargo los vemos juntos, expectantes, emocionados. Y se habla de valores.

¿Seremos eso? Yo creo que sí. Y decime, ¿por qué la estamos pifiando tanto, entonces?

Leído en la apertura del programa 285

sábado, 30 de julio de 2016

Gracias, Raymond

Sentado en la penumbra y a punto de encender el último cigarro de la noche, sus pensamientos se perdían en los ojos de aquella mujer mientras giraba con el dedo el hielo de su Jack Daniels.

Pero no. Ser Marlowe no era lo suyo, aunque lo disfrutaba. Casi convencido de ello, retomó la lectura.

Leído en la apertura del programa 284.

viernes, 15 de julio de 2016

El secreto de la ley

La ley en mi pueblo es secreta. Bueno, secreta precisamente no, pero sí lo es su contenido. Me explico: todo el mundo sabe de su existencia, y algunos de los ciudadanos han llevado al extremo su celo por la ley recitando de memoria su número, y van de aquí para allá declamándolo. Pero del contenido, nada. Nadie sabe exactamente qué dice, de qué trata, cuál es su texto. La situación es en extremo complicada: los habitantes del pueblo transcurren sus días entre la duda de no saber qué hacer para no quebrar la ley y el temor de que les caiga con todo su peso por haber hecho algo malo sin saber qué. Mientras tanto el Alcalde, quién secretamente conoce al detalle el texto, hace lo que le place sin que nadie se atreva siquiera a sospechar de él.

Leído en la apertura del programa 283

sábado, 9 de julio de 2016

En tiempos de dependencias

Usualmente, lo formal dista bastante de lo real.

Discursos, desfiles, pompas y circunstancias varias no negarán salvo para el ciego, 200 años de estar en veremos.

Por eso me cuesta hablar de independencia en tiempos de dependencias varias.

La otra historia, aquella famosa que no escriben los que ganan y sólo puede leerse en las caras, no es la que cambia espejos españoles por otros barros extraños, sino que se juega cada día en las calles de cada rincón del país. De todo el país.

Mientras haya un pibe con hambre, un adicto en las calles, un padre sin trabajo, un viejo abandonado en el tiempo o un joven postergado y se continúen sus razones, la independencia no será.

200 años casi que no alcanzan. Sigamos hasta lograr que una celebración sea posible.

Leído en la apertura del programa 281

viernes, 24 de junio de 2016

De muchas maneras y de ninguna

De muchas maneras y de ninguna
Todas las formas informes deforman
Apariencias extrañas que mudan el deseo
De ser y parecer sin perecer
El sinsentido, sin sentido
Consentido, resentido, sentido sin
Yo te espero en lo profundo
Estoy solo, ya no subo
Muy segura, presiento, te encontrarás.

Leído en la apertura del programa 280

miércoles, 8 de junio de 2016

Natotuario

En el día de la fecha ha nacido quién será el famosísimo Pedro M., futuro ilustre escritor, poeta, docente y activista político. Sus progenitores, José M. y Marta P. de M., sabrán forjar en él un amor por el prójimo que se pondrá en evidencia a través de los gestos solidarios con los que hará el bien a muchos de sus contemporáneos. A la edad de 10 años descubrirá su gusto por la música, comenzando sus estudios de violín que lo llevarán a recorrer los mayores escenarios del mundo. Escribirá 5 novelas, más de 100 poemas y varios ensayos sobre la vida de los más destacados filántropos, muchos de los cuales aun no nacieron. Contraerá enlace con María J., con quién tendrán 3 hijos. Vivirá una vida plena y llena de logros, pero lo que más disfrutará será la certeza de no saber cuando se escribirá su obituario.

Leído en la apertura del programa 277

viernes, 13 de mayo de 2016

La frase

Cerró su perfil en la red social con la frase, "Ya nada es lo que solía ser y tampoco como solía ser. Es otra cosa". Sus seguidores no llegaban a discernir si se refería a la soledad o a sus intentos de suicidio anteriores. O a ambos. Así las cosas, pasaban distraídamente al muro siguiente sin más.

Cuando la situación se definió, uno de sus amigos sugirió la idea y los demás estuvieron de acuerdo: esculpirían aquella frase en su lápida. De este modo ya no se trataría de un pensamiento temporal, transitorio, efímero como todo pensamiento, sino uno grabado en la piedra. Para siempre.

Su fatal destino, según se ve, fue pasar de lo efímero a lo permanente haciendo una escala en el cementerio.

Definitivamente, ya nada es como solía ser.

lunes, 9 de mayo de 2016

Tal vez alcancen las palabras

tal vez alcancen las palabras
si se reciben los mensajes del día
y la oscuridad sea menos incierta
si se reciben los mensajes del día
aunque queden pocas esperanzas
si se reciben los mensajes del día
cuando lo obvio me hace su víctima
si se reciben los mensajes del día
para jugar con ellos que saben
si se reciben los mensajes del día
que sólo yo cargo mis cargas
si se reciben los mensajes del día
y despacho con destino seguro
si se reciben los mensajes del día
lo que nunca se habrá de encontrar
si se reciben los mensajes del día
que nadie nunca llegará a recibir

sábado, 7 de mayo de 2016

Eternamente

Me duele acá, acá y también acá.
Me duele cada sitio del cuerpo que sitiaste
tocando, acariciando, besando.
Será el dolor de extrañar,
el dolor del "yanomequerés",
ese dolor que tanto se teme
y que alguna vez llega.
Presiento que dolerá por siempre
o hasta que llegue esa otra.
La que jura amor eterno.
Inexorable, amante de todos.
Perseverante, arribando al final.
Fielmente, eternamente.

Leído en la apertura del programa 272

miércoles, 4 de mayo de 2016

Historias en cincuenta escalones

En 1930, casi 40 años después de que Jesse W. Reno demostrara por primera vez el funcionamiento de una escalera mecánica en Coney Island, la Señora se levantó de su cama más temprano de lo habitual, desayunó muy rápidamente y se vistió con sus mejores galas. Ese día se inauguraría el primero de estos artilugios en su ciudad, más precisamente en el Centro Comercial, y no sería ella quién iría a perderse aquel estreno.

Ya en el lugar y al llegar su turno de abordar el moderno artefacto, el primer escalón móvil atrapó el borde del vestido de la Señora como si la dentadura de una bestia enorme y feroz la hubiese tomado, arrastrándola y succionándola hasta hacerla desaparecer en el extremo superior de la escalera rodante, frente al estupor del resto de los concurrentes.

Veinte años estuvo la Señora con su falda atrapada en el primer escalón de la escalera mecánica del Centro Comercial. Los primeros días salía con su cara desencajada, como es de suponer, gritando por auxilio. Con el correr de los días dejó de gritar y pocos meses después comenzó a relatar sus conocidas 'historias en 50 escalones' -como las llamarían luego los ocasionales transeúntes-, que era lo que duraba su salida al exterior. Exactamente el largo de la escalera.

La Señora bajaba a los infiernos del dorso de la escalera para contar en sus salidas al exterior aquello que había visto. Sus historias de fantasmas, seres fabulosos, personajes oscuros y paisajes de ensueño que fueron tema recurrente de las historias que contaba, fascinaban a su auditorio.

Finalmente, un día caluroso de 1950 la Señora no salió. Los presentes, que se habían agolpado para escuchar las historias de ese día, con estupor esperaron una señal de su aparición sin éxito. Temieron entonces lo peor.

Algunos de los Señores que pululaban por el lugar, se reunieron más tarde en torno a las mesas del Café del Centro Comercial a discutir sobre el tema. Muchos de ellos afirmaban haber visto a la Señora caer al destrabarse el borde de su falda, segundos antes de dar la siguiente vuelta para salir al exterior. Otros en cambio, entendían que de algún misterioso modo la Señora había decidido soltarse por propia voluntad de su trampa, para quedarse a habitar alguno de aquellos paisajes que tan bien había relatado, y con tanto entusiasmo, a lo largo de veinte años y cincuenta escalones.

jueves, 17 de marzo de 2016

Siete monedas

Siete monedas.
¿Son de plata, de oro o latón?
¿O acaso son del mismo material
que los tiempos idos?
Una me fue arrebatada por un pordiosero,
aquel que encuentro cada día
al abrir una puerta cualquiera.
Dos para mis ojos, una en cada uno,
llegado el tiempo de la siega.
Arrojo otra al aire, van cuatro,
colocándola entre mis pulgar e índice,
siempre a la distancia.
Me quedan tres, lo pienso y las guardo.
No sé cuándo pueda necesitarlas
y tampoco, de réditos y garantías,
aunque finalmente me entierre a mí mismo.

Leído la apertura del programa 279

sábado, 12 de marzo de 2016

Good bye, Emo

No sé, qué querés que te diga... me quedé sin palabras. Sólo con mis pensamientos y recuerdos.

Me acordé del Wincofón y de las largas jornadas de descubrimiento adolescente. De la invitación de aquellos años a bucear en el rock y en esa cosa extraña que llamaban clásica, hasta hacerlos propios en nombre de la psicodelia y otras bestias que estábamos creando.

-Che, ¿sabías que Ginastera es argentino?
-¿Y quién es Ginastera?
-Vení, escuchá...

Y sonaba la Tocatta por Emerson, Lake and Palmer hasta que desde la cocina estallaba el "¡bajá eso!" de mi vieja. Seguiría sonando, claro, más bajito pero no mucho.

Cuando uno habla de la banda de sonido de nuestra vida es porque se ha tomado muy en serio eso del Flaco Spinetta, de que "toda la vida tiene música hoy".

Y mientras tanto, lo inexorable llega... por muchas vías pero con una única razón: igualarnos.

Allá vamos. Lastima que el Emo se nos adelantó...

Leído en la apertura del programa 264

domingo, 28 de febrero de 2016

Pasarán pasarán

Algunas nostalgias son pacíficas, o al menos
disimulan y con eso es suficiente.
Otras son crueles y se jactan pero no es grave,
después de todo son sólo nostalgias.
Cómo en aquel juego de niños, recuerdos
pasarán pasarán, pero el último quedará.
Y una pena más hará noche en la melancolía.

Leído en la apertura del programa 263.

sábado, 20 de febrero de 2016

Mutaciones

Ciudad. Noche. Calma.

No parece el río de oficinistas,
la marea de oportunistas,
aquella oleada de locos apresurados,
ese maremoto de vehículos
que me embisten y empapan 
durante el agitar del día. 

No, es otra cosa. Diferente.

Es un desierto de asfalto,
un páramo de baldosas húmedas,
un baldío de bolsas diezmadas,
un yermo despojo peligroso
que escabulle sus incertidumbres
durante el silencio de la noche.

Leído en la apertura del programa 262.

jueves, 18 de febrero de 2016

Crack Bang Crash Boom

Bajo las escaleras.
Ruedo por ellas, más bien.
Y sigo cayendo.
Sin dejar de existir,
al menos hasta el próximo descanso.
La paradoja de estar vivo.
Rodar.
Detenerme.
Insistir.
Y revivir con la sola vista
de aquella puerta entreabierta.
Allí arriba.
Peldaño, escalón, grada,
estribo, paso, grado.
Una y otra vez
no importa cómo,
cómo los llame, me derrotan.
Y otra vez y una vez más, ruedo.
Para tener que
para poder ya
para necesitar ahora
recomenzar.
Los ruidos son fuertes.
Son ruidos como
de huesos rotos
o de disparos,
o de vidrios quebrados,
puede ser, sí.
O de mis entrañas detonando.
Escucho y me digo
sin terminar la frase,
que en otra ocasión
cuando tanto ruido no haya,
tal vez me pregunte
qué  habrá detrás
de aquella puerta
entreabierta.
Pero no me oigo.
Crack Bang Crash Boom...

Leído en la apertura del programa 265.

sábado, 13 de febrero de 2016

Dimensiones

Casi como en una experiencia en otra dimensión -ustedes disculparán la ilustración, típica de las sagas de ciencia ficción a las que soy aficionado-, vi mi accidente como si hubiera estado en ese momento fuera del cuerpo. De mi propio cuerpo.

En el momento mismo en que el ladrillo que un albañil descuidado dejó caer desde el segundo nivel me dio de lleno en la cabeza, pude verme a mi mismo en el suelo, ensangrentado. Curiosamente, lo primero que llamó mi atención fue la música que continuaba saliendo por los auriculares. Mi celular, como era de esperar, no se dio por enterado del incidente y continuó con su destino de playlist.

Noté entonces la salida presurosa de algunos obreros dispuestos a atenderme, aunque confieso que creí ver en sus rostros una preocupación mayor por las consecuencias legales del descuido que por mi salud, aunque tal vez sólo haya sido una impresión de mi yo en esa otra dimensión, un estado ciertamente novedoso para mi.

Mientras llegaba la ambulancia de la emergencia, comenzaron a atender a mi cuerpo tirado inmóvil en el piso, y yo -éste otro yo- me distraje mirando alrededor. La gente iba y venía, ocupados en sus asuntos. Una cantidad de ellos se alineaba frente a un cajero automático ubicado en la otra vereda, todos con notorio fastidio por la molestia del próximo feriado largo y distraídos con los números de las cuentas a pagar. Algunos metros más allá, una mujer joven había detenido el cochecito en un intento de calmar el llanto de su bebé. El mozo del café de la esquina miró desde lejos y siguió su camino rumbo a la siguiente mesa, no sea que se enfríe el café y el patrón se enoje.

Recordé entonces la letra de un conocido tango, y casi sin querer lo recité en voz alta: "...y el mundo sigue andando..." Y pensé, mientras notaba que mi cuerpo con el ladrillo en la cabeza seguía allí tendido sin responder, que poco importa lo que hace uno con su cabeza mientras no se interponga en las rutinas de alguien más.

Leído en la apertura del programa 260

sábado, 6 de febrero de 2016

Encariñamiento

He tropezado tantas veces con la misma piedra, que ella y yo nos hicimos amigos.

Y tan cortés es el trato que desde hace un tiempo nos dispensamos, que apenas me acerco ella se apura a saludarme.

Pero, a diferencia de lo que podría suponerse, ni siquiera su saludo opera como advertencia: no dejo de tropezar con la misma piedra cada vez.

Será que uno se encariña.

Leído en la apertura del programa 259

lunes, 1 de febrero de 2016

Destronado

Sería, daría, querría, sabría.
Jamás una menos sin una más.
Escribir, escribir y leer, leer y dejar.
Volver y ver y dejar de no ver.
Destino seguro plantado en el suelo,
destronado para ser sin coronas.

Leído en la apertura del programa 261.

martes, 26 de enero de 2016

Observador

Sabrá usted disculpar si mi explicación del fenómeno pudiera ser más bien pedestre, pero también comprenderá que no soy un investigador y tampoco un académico; sólo soy un observador, uno muy bueno por cierto, y que se jacta de ello.

Mi explicación del fenómeno, decía, es la que trataré de presentar acto seguido. Pero permítaseme un prolegómeno: es menester que dedique unas líneas a hurgar en las razones de mi explicación, a fin de presentarlas al interesado antes de afirmar tal pretendida cualidad. Motiva mi alocución el que considero es un evidente y deliberado silencio por parte de mis congéneres frente a la ignominia que significa la carencia total de explicación observada por mí, habilidad ésta, la de observar, que he referido ut supra.

¿Qué hacer con tal silencio? ¿Cómo obviar una explicación o declaración o justificación o, finalmente, una resolución frente a tamaño desconocimiento del fenómeno y aquello que lo provoca? Lejos de mí cualquier simulación o fingimiento de las reales y dramáticas consecuencias de perpetuar tal estado de ignorancia. Jamás cejaría en el intento de traer claridad en el asunto que nos ocupa, aunque me vaya la vida en ello. Supe conservar desde tiempos pretéritos la hidalguía y compostura necesarias para abordar manifestaciones similares, siempre de buen talante y con la confianza de quién se sabe en lo cierto, a pesar de los contratiempos y sinsabores.

Dicho esto, paso a detallar las habilidades y pericias que me hacen acreedor a vuestra confianza en que resolveré adecuadamente la intriga que nos concierne. Sepa usted que he recorrido el mundo en reiteradas ocasiones, ya como delegado, ya como trashumante, ya como simple vagabundo y errante. Tales peripecias y aconteceres, considero le han otorgado a mi consabida habilidad una consistencia y fiabilidad ciertamente envidiables. Acto seguido comenzaría con mi tan anunciada explicación, de no ser por el tren que ya ha arribado al andén y debo abordar con prontitud. Le aseguro que lejos de mí está dejar a mi próximo interlocutor casual sin la consabida capacidad de observación que me distingue, y usted mismo ha sabido apreciar.

lunes, 18 de enero de 2016

Tres lados

Cada historia tiene tres lados: verdad, mentira y realidad.

En potencial

Extraño mi vida, pero no ésta.
Extraño la que no vivo.
La que pasa de largo y me deja plantado
en una estación abandonada.
La que nace y muere
en el mismo acto de partir.
La que detesta el presente
y me trata de usted,
siempre en potencial.

Leído en la apertura del programa 266

viernes, 18 de diciembre de 2015

Fonética para un mudo

El color de la locura
o el tono de la arrogancia.
Y el de la introspección,
que también tiene un color.
Y el del frío, que se le parece.
Gestos cargados de gestos,
y cada cual atiende su juego.
De vez en cuando un mudo habla,
y celebra el sepelio de la ignorancia.
Si atentos están los sentidos
de aquel que se atiene a leerlo,
no habrá ningún sonido, no hará falta.
Voz al que no dice, no reclamo,
ni concedo afonía al que no habla.
Un color, una acción, un desvelo
hablará por él, como él, para mí.
Colores cálidos de una voz que se alza,
con las palabras que anhelo escuchar.

Leído en la apertura del programa 257

sábado, 21 de noviembre de 2015

Me gusta el poeta

Me gusta el poeta que me lee en sus palabras.
No el que me enrostra una ceguera en sílabas,
intenta encantarme con malabares decimónicos,
o revela mi fragilidad a modo de un manjar deseado
en el festín de los caníbales que me acechan.

Me gusta el poeta que me revela como un igual.
Aquel con las mismas pasiones, con los mismos deseos,
con similar desazón contradictoriamente esperanzada,
típico ardid que disimula su inteligencia porque me espera,
y me engaña con un horizonte cuando solo hay muros.

Me gusta el poeta que se sabe diferente.
Pero no él, sino el don con el que me desviste y vuelve a vestir.
Aquel que me mira con los pies sobre la tierra que piso
y con las palabras sobre la misma lengua que hablo
y las venas abiertas sobre la misma carne que habito.

Leído en la apertura del programa 253.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Cielo e infierno

"Del barrio La Mondiola sos el más rana
y te llaman Garufa por lo bacán; 
tenés más pretensiones que bataclana 
que hubiera hecho suceso con un gotán."

En aquellos lejanos años del tango Garufa la bataclana era una mujer de vida disipada -ustedes me entienden- sólo comparable a las coristas de la compañía teatral parisina Bataclan, de paso por la pacata Buenos Aires de 1922.

Justamente ayer El Bataclan volvió a hacer suceso pero esta vez no con un gotán sino con una banda de rock, y en unas primeras planas cargadas de una larguísima serie de imágenes de horror y muerte.

Cuando Doña Leonor, católica de ley, le preguntó a Borges por los rumores acerca del agnosticismo de su hijo, el autor de "El Aleph" echó mano a su lúcida ironía:

-Lo que pasa, madre, es que el infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.

Pero creo que a veces uno se equivoca -si me permite, maestro-, y este parece ser el caso: las más de las veces nos creemos unos ranas como el Garufa del tango mientras vamos creando nuestro propio infierno. Merecido, además.

Afortunadamente, también somos capaces de entender que lo contrario de la vida no es la muerte sino el olvido, y en la búsqueda de sostener la memoria revivimos. Nada tan parecido al paraíso como eso.

Leído en la apertura del programa 252

sábado, 7 de noviembre de 2015

Figuras

Un tiempo. Una palabra. Y amanece.
El largo pasillo se ilumina con un sol que minutos antes parecía negárseme en la noche larga.
Alcanzo a ver entonces el único detalle que me advierte que algo diferente sucede: por la puerta entreabierta del final se escapa un hilo de luz que delata a unas figuras que atraviesan el aire. 
Son siete u ocho, no alcanzo a contarlas pero parece ser ese el número de ellas que se dejan ver.
Y una música. 
Recién me percato de ella pero intuyo que sonaba desde hace largo rato, a juzgar por el cansancio que muestran las sombras danzantes. 
Una aguda nota de violines parece alertar sobre la inminente desazón. 
Es inevitable. 
Todo sueño debe terminar.

Leído en la apertura del programa 254

domingo, 1 de noviembre de 2015

Poesía autopsia

Un amigo me dijo que escribir poesía es poner en palabras nuestra autopsia.

Por pura etimología, "autopsia" es "ver por uno mismo". Tal vez sólo se trata de pasar al papel lo que uno ve, y va y lo cuenta.

Pero lo que uno ve y cuenta no siempre es un cadáver: a veces es un fantasma, a veces es un sueño, a veces es... nada, sólo palabras.

O tal vez sí, y se trata la autopsia de nuestra esperanza más que de nosotros mismos. O de un viejo amor que murió lentamente. O de una estrella que dejó de iluminarnos en cuanto salió el sol. Y cosas así.

Leído en la apertura del programa 251

martes, 13 de octubre de 2015

El vago

(Escrito y leído por Alejandro Guarino. 
Publicado originalmente en Teesperojuana.blogspot.com.ar
¡Gracias, Ale!)

El vago vuelve tarde del trabajo.
Pasó por un bar y se gastó los, pocos, pesos que tenía en una ginebra.
En ese bar, todos saben que es un vago. Que agarra changas porque de todos los trabajos lo echan por vagancia.
El vago llega sigiloso a la pensión donde habita, pues sabe que si lo escucha Doña Cata, le va a reclamar los tres meses de renta que le adeuda.
El vago entra a su pieza y se tira sobre la cama sin hacer. Sobre el techo, las manchas de humedad van creciendo. Doña Cata le dijo que si las limpiara, se lo descontaría de lo que le debe, pero el vago prefiere acostarse sobre su lecho boca arriba y mirar como se esparcen y transforman las figuras sobre el cielo raso.
El vago tiene un vago recuerdo de su familia, a la que no llama desde hace tiempo.
Se vino para la ciudad porque allá, en el pueblo, no había nada por hacer y siempre le dio vergüenza de que lo llamaran vago. Y el vago tiene unas ganas enormes, terribles de llorar, pero no lo hace, de puro vago nomás.

Leído en la apertura del programa 247

lunes, 12 de octubre de 2015

Volver

El exilio es partir sin saber adónde
Y también volver sin saber a qué.
Exiliado entre caras  conocidas,
Lugares ya recorridos,
Certezas insospechadamente frágiles,
Promesas sin definir,
Los cielos se  nublan y llueve
Con unas gotas pesadas,
Parecidas a todas, en todas partes.
Pero algunos  días
Y en algunos lugares
Calan hasta los  huesos
Y duelen.

Leído en la apertura del programa 249

sábado, 3 de octubre de 2015

Cuando sueño con ella

A veces me enoja despertar,
sobre todo cuando sueño con ella.
Está allí, hablamos y hasta nos amamos
en ocasiones,
pero despierto y ¡paf! 
se fue, no está más.
Luego recuerdo
que en mi despertar la realidad no existe,
sólo los sueños. 
Y se me pasa.
Por un rato al menos,
hasta el próximo despertar.

Leído en la apertura del programa 246